LO QUE SEA POR EL ASCENSO. . .
Noviembre 10 / 2015
AMÉRICA 3 -- POPAYÁN 2
LO QUE SEA POR EL ASCENSO. . .
"Sos de la B me gritan, sos de la B me cantan; como si no lo supiera"
De aquí a la noche del ascenso tregua absoluta al dolor vivido. Olvido temporal a las canalladas que nos soldaron a esta categoría ruin. Pondré entre paréntesis las malas horas que nos han hecho pasar y desplegaré una coraza para evitar y desterrar las malas energías. Todo por el ascenso. Todo por sacar de mi garganta ese grito majadero que siempre se ahoga en la hora de la verdad asfixiando la esperanza.
Lo que sea por el ascenso.
El equipo se llenó de amarillas preso de una impotencia inexplicable pues había mucho partido por delante. Popayán, que especuló en principio, abordó otra actitud y capitalizó la presión que carcomía cual plaga a los soldados que pegaban sin encontrar el fútbol, que al parecer se quedó concentrado en la finca. Hubo penal y una tarjeta que bien pudo ser roja para Aníbal. Pateó Vela al palo. Un lento suspiro de satisfacción y nerviosismo acompañó el balón afuera de la cancha. Sin embargo, el rojo no reaccionaba y la ansiedad que dibujaba su andar en la cancha era mala señal. Como si estuviera anunciado llegó el gol de un joven rival. Era de esperarse, el equipo no se estaba jugando una final.
Lo que sea por el ascenso.
Acto seguido, Néider, el veterano e inspirador de cuanto cuento de magia se quiera escribir, acomodó el balón. Néider, el creador de versos celestiales con una pelota, manos en la cintura observaba el sitio.
Néider, el que hay que embalsamar para que nunca se retire, dio cinco pasos al frente y lanzó una caricia blanca de algodón que surcó por un segundo el aire pesado del momento produciendo un grito volcánico.
¡Golazo por Dios! Un grito de gol que parecía no tendría fin. ¡Golazo por Dios!
El rojo no entendió el partido y encajó el segundo para desdicha de quienes seguían con sus sentidos llenos de magia. Un mazazo al cierre del primer tiempo. El equipo se retiraba al descanso y junto a cada jugador, caminando al mismo ritmo como sombras, la ansiedad y zozobra tomadas de la mano. Profe Suárez, en vos confiamos.
El equipo mejoró. Se juntó. Pero el reverbero no llegaba. Entonces Néider, el que forja un destino mágico con cada toque de balón, estaba a la misma distancia que en el hechizo anterior. Hay que ser muy mago para detenerse en un cobro y re pensar una jugada. El defensa, sagaz, corrió a cubrir el palo y anticipar el encanto. Farías, corrió y recibió en su cabeza una bola de seda fina que salió de la funda del mago, anotando un gol cuya fórmula apenas si puede ser hallada en los archivos de Hogwarts. Goool o magia, no sabía que gritar. ¡Vamos rojo vamos!
El rojo, sin vértigo pero con claridad, estaba montado en el partido que veía como Lucumí jugaba a placer, como un niño que estrena juguete. Zafra soltó un centro preciso a la cabeza de Ayron que cumplió con su cita. Cabezazo abajo y delirio colectivo. Como si el papel picado que recibió al equipo volviera a flotar sobre este pedazo de cielo, la mirada se empezaba a aguar, la emotividad efervescente se cobijaba en el alma que quería estallar de orgullo. Cierro los ojos para grabar en mi memoria por siempre este instante maravilloso.
A pesar de la victoria el juego no estaba cerrado y el valiente Popayán, con un hombre menos, aún estaba en el partido. El profe Suárez tardó el ingreso de Tapiero y en ordenar al equipo control de balón. Luego lo hizo y se acabó. ¡Ganamos! y empezamos labrando en suelo fértil nuestra única ilusión. Gracias muchachos y gracias profe Suárez. Gracias por la victoria y por otro motivo para creer y seguir aferrado a esta vuelta olímpica. Gracias por poner lo que sea por el ascenso. Lo que se por ese grito que será como volver a vivir.
Lo que sea en Cartagena y Bucaramanga por el ascenso.
Saludos y gracias por leer estas líneas.
MAURICIO BERMÚDEZ --- @MBER226