CUENTA REGRESIVA. . .
19/09/2016
AMÉRICA 1 -- BARRANQUILLA 0
CUENTA REGRESIVA. . .
"como si hubiera nacido en el barrio obrero, cacheteó el balón con los cordones de su pie izquierdo"
Debieron pasar 20 minutos, un remate devuelto por el escudo horizontal de Bejarano y una madeja infinita de centros estériles para que el rojo pisara el área rival y mirara, así fuera de reojo, la apertura del marcador. El equipo se estrelló con un dique inmenso, con 10 estorbos de blanco, y hasta con su misma desesperación que fingía ser paciencia. Los centros no pararon de caer en el área rival y ese toque insulso saca piedras tomaba lugar. El equipo se quedó con noventa y pico por ciento de posesión de balón, un remate al palo de Martínez Borja, otro desviado de Mercado y rezongos encontrados en la tribuna.
Farías, recibiendo la banda de capitán de Ayala, regresaba a la cancha con el pitazo inicial del segundo tiempo. Afuera Mercado. El rojo cargó a su rival anunciando autoridad en la cancha. Cortés, abandonó su puesto y presumiendo de volante, desfiló del extremo al mirador del área rival, y de allí, como si hubiera nacido en el barrio obrero, cacheteó el balón con los cordones de su zapato izquierdo, y éste, en un bote suave interrumpido por una pierna enemiga, cayó en los pies de Camilo Ayala… El tercer capitán de este equipo alzó su cabeza, miró al frente mientras el corcoveo de su pierna derecha lanzaba una ilusión al arco contrario transformada en el grito prolongado de goooooooool que vinimos a buscar.

El rival, aturdido por el grito de gol que no tuvo fin, sintió el peso y en un acto tan valiente como cobarde, decidió seguir atrás, sumido en su pobreza esperando que de la nada (como algunos lo lograron) el empate llegara a sus bolsillos. El rojo intentó en la cancha de oriente a occidente, luego por derecha y minutos después por izquierda. Desde el banco también lo hizo; adentro Angulo y Arboleda. Pero el segundo, con el paso de los minutos, se veía lejos. El equipo tocó, tocó y tocó el balón entendiendo que con la herramienta en su poder evitaría cualquier desgracia de minuto 93, y fue en ese preciso instante, el del abrazo triunfal, cuando un silbido agudo interrumpía la monotonía del toque intrascendente de pelota, sentenciando la victoria y el inicio de la cuenta regresiva. Ganamos. Amén.
Lo de hoy fue una valiosa victoria numérica no tan emotiva, que fortalece ese invicto que llevaremos a la vuelta olímpica y mete viento huracanado en la camiseta gloriosa. Este viaje absurdo y despiadado que solo una hinchada como la nuestra soportaría, inicia la cuenta regresiva de 10 partidos, 10 finales, 10 capítulos anhelados, 900 minutos para salir campeón, escupir este ácido maldito que nos dieron de beber, y gritar: ¡Ascendimos!
Saludos y gracias por leer estas líneas.
MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226
