BALÓN DE PLOMO. . .

14.07.2014 19:09

BALÓN DE PLOMO. . .

"...merecido, claro que merecido tuvo un estupendo mundial.." Alejandro Sabella

 

 

Aún recuerdo su sonrisa al entrar al campo de juego y la ansiedad convertida en deseo de conquistar el mundo.  Eto'o daba paso al número 30, al mesías del fútbol mundial y en especial de los argentinos.  Restaban tres minutos para terminar el partido y él estaba en el Camp Nou con su cabellera desordenada y juvenil, con los ojos brillantes, precoz, con su rostro pueril y pique característico ofreciéndose como alternativa de pase.  Cuando tomaba el balón la gente y sus compañeros se contagiaban de esa energía que por mucho tiempo lo caracterizó.  Aún recuerdo la clase con la que definió por encima del arquero dos veces a pase de Ronaldinho; el primero anulado y el segundo válido. !Golazo crack! Todos corrieron a abrazarlo y ser partícipes de ese momento: Puyol, Iniesta, Deco, Guily, Belleti, Valdes, Oleguer, Ronaldinho que lo cargaba sobre su espalda, Van Bronckhorst, Oleguer, Mota.

 

Aun recuerdo ese partido del líder Barcelona contra el Albacete en 2005, fue en mayo y pitó Velasco Carvallo; como olvidarlo si fue el día que empezaba a poner el mundo a sus pies.

 

Como era de esperarse la borrasca de títulos le llegó.  Ligas españolas, copas del rey, ligas de campeones, supercopas europeas y cuanto campeonato jugó.  Se paseó cautivando con su fútbol y su gambeta desenfrenada a los fríos europeos. Parece un jugador de play station dijo alguna vez Arsene Wegner después que su Arsenal fuera eliminado por su magia.  Y más allá de los títulos, siempre se le observó en su fútbol amor por su profesión, respeto por su compañero y alegría sin fin.  Lo molieron a patadas entre defensas y volantes recios, pero siempre se levantaba combativo y sonriente, como un adelantado discípulo de Ronaldinho.

 

Balones de oro, records, distinciones, marcas superadas, goles y más goles.  El mundo seguía a sus píes pero el brillo en sus ojos, el alma amateur y la sonrisa del diez se desvanecían sin razón.  Apareció el vómito constante y las consecuencias de todo aquello que hicieron en sus primeros años.   Su graduación estaba en las copas del mundo.  Abrirse campo entre Pelé y Maradona y llevar de su pie izquierdo a la selección Argentina a ganar un Mundial.  En Alemania no tuvo los minutos suficientes, en Sudáfrica naufragó y cuatro años mas tarde llegaba su momento.

 

Argentina lo necesitaba, no importaba el pobre mundial que había hecho. Ayer era su consagración, pero la falta de sangre en la cara y la indolencia del último tiempo le llevaron a dibujar prepotencia en su rostro.  Desperdició la oportunidad que el fútbol le dio.  No fue líder, no fue capitan, no fue capo, no fue buen compañero, no sintió la final que le pasó por encima como una aplanadora y en la que nuevamente vomitó. Fue uno más, un pecho frio como dicen en su tierra.  El triste resumen de sus últimos meses quedó inmortal en el tiro libre que cobró en el minuto 121. Que lástima. Su sonrisa se desvaneció, ya no se le ve feliz jugando fútbol.

El mundial se le fue y seguro no volverá para él.  No sé si logre recuperarse, si vuelva el niño que a los diez años con la roji-negra gambeteaba a siete rivales y luego anotaba el gol.  Me quedo con los buenos recuerdos de su fútbol feliz porque de ahora en adelante y que me perdone Pepe Cortisona, será un saco de plomo que ayer recibió su premio.

 

Aun recuerdo con nostalgia ese primero de mayo de 2005.

 

 

Saludos,

 

MAURICIO BERMÚDEZ --- @MBER226

 

 

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