¡VAMOS A ASCENDER!..
AMÉRICA 3 -- VALLEDUPAR 1
¡VAMOS A ASCENDER!..
"prolongó su imponente figura 60 centímetros, y sutil como su risa, empujó a la red el segundo"
Valledupar, rompiendo el molde de los recientes visitantes, inició encima del rojo. Lo sorprendió y presionó hasta llevarlo a la confusión. El equipo no descifró aquella inédita actitud y por una franja larga del primer tiempo fue presa de un letargo que a esa hora presagiaba lo peor.
¡Atajadota de Bejarano! Voló evocado a los grandes del arco y minutos después, se estiró de nuevo para tratar de evitar lo inevitable. Gol de Valedupar. Los jugadores, estupefactos por el golazo, se reprochaban entre sí. Uno señalaba al otro, el otro al de atrás y ese al que no cerró que alegaba que no era su marca. Un mini caos, un mea culpa necesario antes del re inicio del juego.
La tribuna, con ese gol atorado en la garganta como una espina de pescado, se repuso, saltó y cantó con más fuerza. El equipo sintió el regaño del profe y el espolonazo que bajó de las gradas. . . Lucumí, inadvertido hasta entonces, se sacudió la modorra y desplegó por el césped maltrecho la velocidad que lo llevará a Europa. Perforó la barricada y antes de la mala decisión, trazó con el balón una línea delicada hacia Martínez Borja, que de zurda y con suspenso descolgó el empate liberando la presión contenida por el mal juego.
Y fue el inicio de una borrasca para el desdichado rival…
El rojo, de repente, pobló la mitad de la cancha con volantes serios y comprometidos. De allí salieron las ideas que gestaron un centro preciso a la cabeza de Efraín Cortés, quizás más romántico que el Efraín de Jorge Isaacs, prolongó su imponente figura 60 centímetros, y sutil como su risa, empujó a la red el segundo.
En el último instante de la primera parte, otra vez Martínez Borja, ese morocho hipnotizador que agota los adjetivos. Otra vez esa deidad azabache, esa centella atezada que alumbra las cloacas que estamos dejando atrás. Otra vez él, con traje de caudillo, lanzó el balón a la red para cerrar con un gol otoñal 15 minutos electrizantes que fueron suficientes esta noche. Lo demás sobró.
Dejé la cancha feliz, con el olor a ascenso impregnado en el cuero que ha resistido y aguantado cinco años en la B. Dejé una noche plácida en la que cobijado por el suave algodón del cielo valle caucano, siento con profunda convicción, dejando atrás el anhelo, que la buena hora se aproxima, que vamos a dar una vuelta de verdad y que vamos a ascender. ¡Vamos a ascender!
Saludos y gracias por leer estas líneas.
MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226