¡ACÁBALO JUEZ!. . .
ATLÉTICO 0 -- AMÉRICA 4
¡ACÁBALO JUEZ!. . .
"Amar esta camiseta es el acto más puro que existe"
Sonó un prolongado beeeeeep. Era el once inicial de esta noche ilustrado con figuritas rojas sobre un pequeño cuadro de color verde biche. Al verlo, los hinchas empezamos perdiendo el partido anímico de hoy: Dairín Gonzáles como titular en nuestra defensa y en el arco contrario el tristemente célebre Carlos Chávez. Escalofriante.
Después de una semana que bien pareció tener 19 días, el rojo volvió a la cancha aún con el tufo de la derrota paupérrima en Bogotá. Ferreira se adueñó del balón e hizo jugar a sus compañeros y con el paso de los minutos todo el equipo jugaba a su ritmo. De su pie izquierdo, sobre los diez minutos de juego, cayó al área un balón templado que Ayala no encontró y Farías abordó con potencia y oficio para poner el balón en el mismo sitio donde Jersson, Melo y Arango se lo acomodaron a Chávez en la horrible noche. El rojo ganaba y jugaba bien: ¡Acábalo juez!
El rojo mantuvo el ritmo sometiendo a un pobrísimo rival alineado con diez palitroques de blanco y uno de amarillo. En medio de seis de ellos, Amilkar sacó un taponazo endiablado que solo encontró fin en la red. Le pegó fuerte como debió hacerlo Córdoba en aquella del minuto 87 de la horrible noche. Golazo. 2-0. El rojo ganaba y seguía jugando bien: ¡Acábalo juez! Era un paseo. Un partido que el equipo necesitaba para ganar confianza y borrar así fuera por un instante las dudas de las últimas fechas.
Imagen: Futbolred.com
Pasaron algunos minutos y Ferreira, el gran David, recibió en mitad de cancha, pensó y deslizo un balón tan preciso como hermoso que recibió Joao, quien con sutileza lo acomodó al mismo palo donde el tigre puso el quinto penal de aquella dolorosa jornada. Esta vez, a diferencia de esa noche, el balón tocó el palo, rebotó lentamente hacia el otro y de allí a la red. ¡Golazo! ¡Acábalo juez! Acábalo que el rojo está jugando bien. Acábalo para que el rival no reaccione y empañe este triunfo refrescante que lastimosamente muy pocos presenciaron, o por fortuna, quizás, porque al parecer este equipo se asusta con estadios llenos.
El primer tiempo fue suficiente. Allí se quedaron las emociones, los elogios retenidos y algunos recuerdos de la horrible noche que como centellas llegaban a mi mente. Fue suficiente porque no confiamos plenamente en el equipo y porque la victoria era un imperativo en mayúsculas. Fue suficiente, además, porque el rojo por estrategia o incapacidad, no sé, entregó el balón al rival y mostró su siempre flácido rostro defensivo. Angulo lesionado y de nuevo Ayron el primer cambio, lo relevante del equipo en el segundo tiempo, hasta que Ferreira desbordó como lo hacía en los buenos tiempos, y con el último aliento, con la línea final al cuello, sacó otra asistencia que Joao cambió por gol. Otro golazo. Otro abrazo que saca del cuerpo ese frio fúnebre de los últimos días.
¡Acábalo juez que lo ganamos!
La última vez que pedí vagamente a un juez que acabara un partido, fue precisamente en la horrible noche, cuando el tigre corría a oriental sin camiseta, desaforado, angustiado, feliz (…)
¡Acábalo juez que nos quedamos en primera! ¡Acábalo juez!
Saludos y gracias por leer estas líneas.
MAURICIO BERMÚDEZ / @MBER226
